Educación sexual
jul06
Soy profesora de instituto y mi dedicación me exige tantas horas al día que debo decir que no disfruto de un solo minuto para mí. No lo digo con orgullo porque mientras los días pasan sin novedad cada momento es un simple suma y sigue. Lo malo viene cuando me aprietan las ganas de follar. Por más que trato en concentrarme en el trabajo y de ignorar el impulso del coño, se diría que todo lo que me rodea me recuerda al sexo, a una buena polla, a un buen revolcón.
El colmo de la calentura fue cuando me pidieron explicar a los padres de alumnos algo de educación sexual. Mi subconsciente se puso a funcionar y aquella mañana yo no era una chica normal, era una ninfómana en potencia capaz de follarse a cualquier padre o madre que se me pusieran delante.
Eran las nueve de la mañana. Encendí el ordenador y me metí en un chat de sexo. La webcam esperaba impaciente a la llamada de alguien y el consolador calentaba motores a la entrada de mi vagina. Pero el cibersexo seguía vacío. ¿Nadie se masturba por la mañana?
Aquella fue la vez que peor lo pasé. Espero que no me vuelva a suceder. Si me ves por aquí sencillamente estoy buscando sexo. Así que háblame.








