Sexo con hielo
ene21
Los rigores del verano apretaban incluso en la disco a las tres de la mañana. El enorme escote, la minúscula minifalda y el tanga que nada tapaba, no mejoraban la sensación de bochorno.
Tragué el último sorbo de ron de mi vaso atrapando en la boca la piedra de hielo que vino a llenarme de gloria la lengua caliente.
Miré de nuevo al chaval de La barra. Con una sonrisa cachonda mostré mis labios abiertos pidiendo más hielo. Y él, con esa mirada de hombre, miró con descaro los baños de chicas.
La noche, el alcohol. Entré sin llamar y un abrazo de oso juntó de repente su boca y la mÃa en un choque glaciar. Sus manos de pulpo sobaron mi culo, su boca me puso en las tetas un beso on the rock. Las gotas heladas mojaron mi ombligo y el hielo perdió fortaleza al rozarme la vulva.
GemÃ, y sentà que su pene buscaba cobijo en mi coño. El hielo también penetró en mi vagina. Sentà que la sangre me ardÃa, sentà que mi boca quemaba. Sentà que, en cada embestida, mi cuerpo temblaba de invierno y placer.



