Video chat de madrugada
dic03
Apenas tres días después del último polvo me despierto de madrugada con una quemazón en la entrepierna que no me deja dormir más.
En la tranquilidad de la noche me siento bombardeada por imágenes de sexo explicito. Aquella vez que se la chupe a dos chicos en el instituto. La tarde que hice cibersexo con un argentino guapísimo… Y no sé cuantas guarradas más que acentúan el estado de ansiedad hormonal. Hasta que acabo bajándome las bragas y frotándome el clítoris a lo loco mientras me meto dos dedos en el coño. Es seguramente una de las mejores formas de masturbarme.
Otras veces me conecto a algún chat de sexo. No importa que sean las dos o las tres de la noche. Siempre hay hombres deseando conectar la webcam para tener sexo con una gatita en celo.
Pero todo esto sin hacer ruido. Vivo en un piso de estudiantes y el de la habitación contigua se despierta con el vuelo de una mosca. Sé que muchas veces se ha masturbado oyéndome como lo hago. Oigo perfectamente sus jadeos, igual que él puede oír los míos. Podemos decir que es un efecto dominó, un orgasmo en cadena ya que nos corremos simultáneamente el del video chat, mi compañero y yo.



